El Camino de Santiago en bicicleta

En la actualidad, uno de cada diez peregrinos llega a la Plaza del Obradoiro montado sobre dos ruedas. Se trata de una experiencia única, diferente a la peregrinación a pie, pero que no deja indiferente a nadie y cuya creciente popularidad hace que cada vez sean más los peregrinos que deciden hacer el Camino de Santiago en bicicleta

Hay que puntualizar que en muchas ocasiones, se trata de personas aficionadas a andar en bici habitualmente que deciden realizar la peregrinación normalmente en vacaciones, sin embargo, no tiene nada que ver andar en bicicleta en asfalto y como hobby, que ir cumpliendo día tras día las distintas etapas que gran parte del tiempo transcurrirán por caminos de piedras y constantes subidas y bajadas.

En esta modalidad sobre ruedas, las principales características que definen la peregrinación son la mayor duración de las etapas, en torno a 60 kilómetros al día, y consecuentemente la mayor distancia cubierta. De esta forma se puede emprender el Camino desde puntos más lejanos o simplemente hacer el mismo recorrido en menos tiempo. Es por ello también que si se decide hacerlo en bici, habrá que recorrer como mínimo 200 km en lugar de los 100 exigidos a pie, con dos sellos diarios para así obtener la Compostela, el documento acreditativo de haber completado la peregrinación.

Un aspecto que se presenta como clave en este caso es la preparación previa, que incluye desde la elección del Camino, la planificación de las etapas, la preparación física, la compra del equipamiento y un largo etcétera que sin duda van a marcar la diferencia entre una experiencia inolvidable o un calvario diario que pueda conducir incluso al abandono. Como siempre, el grado de preparación del ciclista variará según el caso y dependiendo de factores como la edad, preparación física, época del año o tipo de bicicleta escogida. Por este motivo, resulta complicado establecer un modelo genérico en el que sintetizar el recorrido a Santiago de Compostela (“Cada uno según sus posibilidades”)

Sin embargo, sí que existen una serie de consideraciones en lo referente a la realización del Camino de Santiago en bicicleta que sirven de gran utilidad para todo aquel ciclista que decida emprender esta aventura y que exponemos a continuación:

En cuanto a la preparación previa: 

El esfuerzo físico y la exigencia del Camino hacen necesaria una preparación física exhaustiva en los meses anteriores al inicio de la peregrinación, basada sobre todo en la simulación previa de las etapas saliendo a pedalear por cerca de la localidad en la que se viva y de esta forma irse adecuando a la bicicleta elegida y siempre con un peso similar al que se vaya a utilizar.

En cuanto a la elección del Camino:

Otro de los factores a tener en cuenta es la elección del Camino, ya que dependiendo de la ruta escogida, se va a pasar por localidades y zonas con unos perfiles orográficos muy dispares. El caso del Camino Francés suele ser el ideal para aquellos usuarios primerizos, pues además de ser el más transitado, cuenta con un mejor equipamiento y señalización, además de contar con localidades más próximas entre sí en comparación con otros Caminos. En cambio, en la Vía de la Plata se suelen divisar menos peregrinos en bici puesto que las distancias entre pueblos donde aprovisionarse son mayores y que el clima excesivamente caluroso en verano echa para atrás a muchos de ellos. Un punto en común a todas las rutas suele ser la alternancia de etapas sencillas con otras de mayor dificultad, marcada por constantes cambios de nivel o por el transcurso a través de senderos o carreteras de difícil paso, sin embargo, sí que es cierto que en general tienen la consideración de más accesibles y sencillas las vertientes francesa e inglesa, siendo más complicados los Caminos del Norte y el Primitivo.

En cuanto a la época del año:

Las estadísticas reflejan que la gran mayoría de peregrinos optan por rodar en los meses de mayo a septiembre, tratando de evitar las frecuentes y temidas precipitaciones e incluso nevadas que se dan durante el resto del año, sobre todo en el tramo final por la comunidad gallega. De igual manera, a no ser que se eviten las horas en las que el sol pega más fuerte, no se recomienda realizarlo durante los meses más calurosos, como julio y agosto, ya que debido al gran esfuerzo físico, cabe la posibilidad de sufrir un golpe de calor.

En cuanto a la elección de la bicicleta:

Una vez se ha establecido la ruta y fecha de inicio, tocará centrarse en la que durante días será la principal compañía del peregrino, la bicicleta. En primer lugar habrá que tomar la decisión de alquilar o comprar una, dependiendo de si se va a darle un uso continuado y se tiene pensado repetir, o si en cambio solo se va a utilizar en una ocasión, siendo en este caso lo más recomendable alquilar.

Además, existe la posibilidad de rodar siempre por asfalto utilizando carreteras adyacentes al Camino, para lo cual habrá que elegir una bicicleta de carretera que sin falta cuente con dinamo y reflectantes. Si por el contrario se decide seguir el trazado original, lo ideal será contar con una bici de montaña, con una buena suspensión y buen sistema de plato, pues se pasará por senderos de tierra o firme accidentado, a pesar de que en ocasiones y debido a la imposibilidad del paso, se transcurrirá por tramos de carretera, que estarán en todo caso señalizados. Existe la opción, quizás más adecuada de llevar una bici híbrida, muchas de ellas hechas específicamente para el Camino de Santiago.

Sea cual sea la elección, la bicicleta ha de ser lo más ligera posible, con un buen sistema de cambios, engrasado y estado óptimo de neumáticos, además de informarse previamente sobre el mantenimiento básico de la misma en caso de alguna avería que, con casi total probabilidad, se producirá durante la peregrinación.

En cuanto a las etapas:

Lo más frecuente es hacer entre 60 y 80 kilómetros al día, recorriendo una media de 11-13 kilómetros por hora, aunque como siempre, todo dependerá de la resistencia física de cada uno y de las paradas que se decidan realizar para tomar descanso y reponer fuerzas. Se hace fundamental estudiar los perfiles de terreno con antelación a las etapas, puesto que no todas son iguales y habrá algunas que se harán sin complicaciones pero también otras en las que las piernas sufrirán más de lo habitual. Como se expuso anteriormente, no todos los trazados originales pueden realizarse pedaleando, por lo que se hará necesario desviarse en alguna ocasión a la carretera más cercana para continuar durante unos kilómetros hasta reencontrarse con el trazado original.

En cuanto al equipaje:

Una de las ventajas de hacer el Camino en bici es que en vez de una pesada mochila, es posible repartir equilibradamente el peso en alforjas, de forma que la espalda no sufrirá tanto como caminando. Lo más habitual es llevar alforjas o parrilla en la parte trasera, un triángulo con hombrera para bicis donde llevar las herramientas correspondientes, y cada vez más peregrinos optan por añadir una bolsa en el manillar donde guardar la documentación u objetos de más uso como el móvil o la cartera. Dentro de lo posible, se ha de ir lo más ligero que se pueda, facilitando así el pedaleo pero a la vez evitando caídas o haciendo más fáciles tramos con pronunciadas subidas de nivel. Además, existen otros elementos imprescindibles como guantes, gafas para viento y sol, un candado, crema solar y ropa adecuada para andar en bici, sin olvidar nunca el uso del casco protector y de chaleco o algún elemento reflectante cuando se transcurra por asfalto. Estos son algunos productos básicos a los que habría que sumar aquellos genéricos para una peregrinación, ya sea a pie o en bicicleta y que exponemos en la entrada de blog sobre Consejos para organizar el Camino.

En cuanto al coste:

Dependiendo del gasto que el peregrino tenga pensado acometer, se podrá hacer una peregrinación de bajo coste, durmiendo en albergues, alimentándose con productos como fiambres, embutidos, latas, lácteos y frutas y renunciando a cualquier compra superflua o una peregrinación más costosa en la que se pernocte en Hoteles o Casas Rurales, comiendo y cenando en restaurantes de plato.

En cuanto a la circulación:

Lo ideal es circular siempre en fila india, puesto que una formación en V puede resultar atractiva debido al menor esfuerzo, pero incrementa el riesgo de atropello. Como se dijo, el uso del casco y del chaleco es fundamental y en los días lluviosos debería dotarse el impermeable de tiras reflectantes. Además, si se pedalea de noche o al amanecer cuando la visibilidad es menor, se deberá usar Dinamo para alimentar el foco de luz.

Otras consideraciones:

Lo habitual entre las personas que realizan el Camino de Santiago en bicicleta suele ser pernoctar en albergues privados, por una sencilla razón: en los albergues públicos se suele dar prioridad a los peregrinos que hacen el Camino a pie hasta las 8 de la tarde, puesto que, de no haber sitio en una localidad, el peregrino en bici llegará en menos tiempo a la siguiente. En cambio la red privada de albergues de la ruta jacobea no hace esta clase de distinciones.

El Camino en bicicleta debe ser realizado siempre en grupo o como mínimo acompañado de una persona, puesto que además de la seguridad que ello comporta, permite pararse a contemplar monumentos e iglesias en los que no se puede entrar con la bici, por lo que al ir acompañado se pueden establecer turnos y aprovechar así todas las posibilidades del Camino de Santiago en cuanto a patrimonio, cultura y belleza. Además, de esta forma se pueden compartir herramientas y conocimientos en caso de avería. En cualquier caso, las principales ciudades y pueblos de la ruta jacobea cuentan con talleres donde arreglar o hacer la puesta a punto de la bicicleta.

A continuación os hacemos un breve repaso de las cosas que no deberías olvidarte para hacer de tu Camino una aventura sin contratiempos:

  • Calzado cómodo para los momentos de descanso y chanclas para la ducha.
  • Un buen calzado para tu bicicleta: botines específicos o con calas para pedales automáticos
  • Ropa interior y calcetines sin costuras, preferiblemente de algodón
  • Saco de dormir (algunos alojamientos solo ofrecen sábanas y agradecerás tu saco)
  • Una toalla para asearte (en algunos lugares la toalla tiene sobrecoste)
  • Crema solar de protección alta
  • Uno o dos buenos bidones de 550, 650 o 750ml con bebida isotónica y agua
  • Un maillot o ropa cómoda para las tiradas largas de pedaleo
  • Elemento reflectante para tu cuerpo y la bicicleta
  • Funda para el sillín de Gel
  • Portabultos
  • Casco de ciclismo
  • Timbre para el manillar
  • Alforjas impermeables o mochila
  • Candado
  • Bolsa para el manillar
  • Multiherramienta con tronchacadenas y llaves tipo allen
  • Cámara, parches y bomba de aire
  • Adaptador de aire para poder poner aire en gasolineras
  • Botiquín: tiritas, apósitos de gelatina, mercromina o betadine, alcohol, analgésicos y antinflamatorios.
  • Credencial del peregrino
  • Carnet de identidad o Pasaporte
  • Tarjeta sanitaria o de asistencia privada

Éstos son solo algunos consejos que un buen peregrino ha de tener en cuenta a la hora de hacer el Camino de Santiago. Ventajas con respecto a la peregrinación a pie como la mayor distancia cubierta o la mayor rapidez a la hora de cubrir tramos, dejando más tiempo libre para descubrir las localidades y monumentos que se vayan encontrando, hacen de ésta una opción muy atractiva. Además, desde Pilgrim te ofrecemos una completa gama de servicios orientados para el Camino en bici, como nuestro envío nacional de bicicletas para devolver tu bici a casa una vez hayas terminado tu Camino, enviando tu bicicleta totalmente lavada y puesta a punto, nuestro servicio de consigna para guardar tu bicicleta mientras visitas la ciudad o nuestras bicicletas de alquiler de las prestigiosas marcas Specialized y Felt para olvidarte de todo y disfrutar de una marca de garantías y totalmente equipada. Si lo tuyo es el ciclismo te animamos a que sigas estas directrices y no dudamos de que harás de ésta una aventura inolvidable.

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