La Puerta Santa de Santiago de Compostela

Entrar en la Catedral de Santiago es uno de los ritos compostelanos de mayor importancia, y más cuando hablamos de hacerlo tras haber realizado alguna de las rutas de peregrinaje que componen el Camino de Santiago.

Si hay algo que puede hacer este momento aún más especial para miles de turistas es el hecho de poder hacerlo atravesando la Puerta Santa, que tan solo abre los años jacobeos en los que el 25 de Julio cae en domingo.

La costumbre establece que se abra desde fuera, en una ceremonia encabezada por las autoridades religiosas para entrar en la Catedral, y que durante el Año Santo permanezca abierta para que peregrinos, turistas y curiosos puedan entrar desde la Plaza de La Quintana.

Origen y significado de la Puerta Santa

Origen

No está del todo claro su origen y hay varias posturas: los que mantienen que se trata de una tradición medieval anterior a los años santos romanos y aquellos que defienden que Santiago tomó del cristianismo este acto ritual.

La teoría más factible y con más fundamento histórico es la segunda, en la que se sostiene que la Puerta Santa que hoy conocemos (ubicada en la plaza de A Quintana), se inspira en una ceremonia iniciada en los años santos de Roma del siglo XV.

Lo que si sabemos con seguridad es que la puerta fue sometida a numerosas transformaciones a lo largo de la historia hasta llegar a presentar su aspecto actual.

Esta modesta apertura en la cabecera catedralicia que da a la plaza de A Quintana se compone de dos hojas de bronce firmadas por Jesús León en 2003, y presentan pasajes de la vida, muerte y traslación de Santiago. La puerta comunica al peregrino con el altar mayor, donde se encuentran la cripta sepulcral y la popular imagen medieval del Apóstol Santiago.

Significado

¿Y qué se sabe del significado espiritual de la Puerta Santa compostelana? La fuente vuelve a ser Roma y la Biblia. La principal referencia son las palabras del Apocalipsis (3, 8), que dice: “Abrí delante de ti una puerta que nadie puede cerrar”, y aquellas que Juan atribuye a Jesús (10, 9): “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, se salvará”.

El uso del martillo se ha interpretado también como un ejemplo para el cristiano, que debía abrir la puerta celestial con esfuerzo y decisión.

Las puertas santas simbolizan, por lo tanto, un rito de paso en el que se pretende demostrar al peregrino mediante una puerta pequeña, que el camino de la salvación es el de la humildad y la penitencia.

El hecho de que la puerta se construyese después de que la iglesia otorgara a Santiago el privilegio de contar con un Año Santo indica que no es necesario atravesarla para alcanzar la indulgencia plenaria, aunque hacerlo se ha convertido en la manera “física” de lograr el perdón y que simboliza para los peregrinos y fieles la culminación física y espiritual del camino que han recorrido.

La apertura de la Puerta Santa

La apertura de la Puerta Santa se celebra el día 31 de diciembre, víspera del primer día del año jubilar.

El rito de apertura de la Puerta Santa se remonta al siglo XVI. Desde entonces, cada año santo el arzobispo compostelano realiza el mismo ritual presenciado por cientos de peregrinos, fieles, miembros de la iglesia y demás curiosos.

¿En qué consiste el ritual?

Para hacerlo, el arzobispo compostelano realiza un antiguo ritual (la «Recognitio») precedido de todas las cruces parroquiales del giro de la ciudad y el rezo del «Veni Creator» ante el altar. Posteriormente, sale de la Basílica por las Platerías y se detiene ante la Puerta Santa. Allí, un acólito (clérigo que ha recibido la cuarta de las órdenes menores que otorga la iglesia católica y que tiene entre sus funciones ayudar al sacerdote durante la celebración de la misa) le ofrece el martillo ritual de plata, con el que golpea tres veces sobre el muro que tapia la puerta y que se ha colocado el día anterior para este fin.

Mientras da los tres golpes cantan:

  • Aperite mihi portas iustitiae
  • Ingressus ín eas confitebor Domino
  • Aperite portas, quoniam nobiscum Deus
  • Una vez que el muro cae la capilla canta el “Jubílate Deo” y el arzobispo limpia el perímetro de la puerta con ramas de olivo y agua bendita. Posteriormente, el sacerdote se arrodilla, reza nuevas oraciones y cruza el umbral mientras se canta el «Te Deum» y el levanta la cruz arzobispal.

    ¡Comienza el Año Jubilar!

    El cierre de la Puerta Santa

    Un año después, a 31 de diciembre, se cerrará la Puerta Santa llevando a cabo el mismo cortejo. El arzobispo compostelano bendice e incensa las nuevas piedras, coloca una de ellas sobre el umbral y, mientras se canta el “Caelestis urbs Jerusalem”, vuelve al templo por las Platerías.

    Comentar que los rituales de apertura y cierre de la Puerta Santa son así durante los Años Santos Compostelanos, a excepción del año 2016, en que se celebró un Jubileo de la Misericordia. Este jubileo se celebró durante el Año Santo Extraordinario que comenzó el 8 de diciembre de 2015 y finalizó el 20 de noviembre de 2016, para celebrar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

    Cómo prepararse para cruzar la Puerta Santa

    Aunque la Puerta Santa permanezca abierta todos los días del año en un amplio horario las colas a sus puertas suelen ser la tónica constante para poder cumplir con el rito compostelano. Por ello te aconsejamos que llegues con antelación y te armes de paciencia.

    Los fieles no podrán cruzar la puerta hasta que concluya la eucaristía a las 19.00 horas y hayan pasado los pertinentes controles de seguridad.

    Una vez llegue tu turno la tradición dice que el peregrino que entra por ella debe pasar las manos por las cruces situadas en las jambas de la puerta, para luego mojar los dedos en agua bendita y santiguarse.

    Ahora que lo sabes casi todo sobre la Puerta Santa recuerda que queda menos de un año para que abra el próximo 31 de diciembre de 2020, por lo que, si tienes la posibilidad, no pierdas la oportunidad de vivir esta experiencia única. Te esperamos en el camino.

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