Qué mejor manera de comenzar este Camino del Norte que cruzando el puente de Santiago,
punto fronterizo entre Francia y España sobre el río Bidasoa. Ya en territorio español
giramos a la izquierda por el paseo marítimo de la Real Unión hasta que, más adelante,
cruzamos la calle Ramón Iribarren para proseguir por la de Santiago. Esta calle desemboca
en la plaza de Juncal, lugar donde se emplaza la iglesia de Nuestra Señora del Juncal,
edificio que destaca por su sencillez y sobriedad exterior. Su nombre hace referencia a la
aparición de una talla de la Virgen entre unos juncales próximos al templo a comienzos del
siglo XV. Siguiendo por la calle de las Escuelas, avenida de Navarra y el paseo en honor a
Cristóbal Colón nos dirigimos hacia las vías ferroviarias, cruzándolas gracias a un paso
superior hacia la calle de Fuenterrabía. Continuando de frente y pasando por una rotonda
pasamos bajo un puente y nada más salir giramos a la izquierda hasta un cruce con la
carretera nacional. Cruzamos para internarnos en una senda asfaltada entre las Marismas de
Txingudi, considerado uno de los humedales más ricos e importantes de todo el norte de
España. A la altura de un centro de interpretación torcemos a la derecha y tras superar
varios puentes giramos a la izquierda en los dos siguientes cruces, en el conocido barrio
de Arkolla. Allí mismo se encuentra la pequeña ermita de Santiagotxo, en cuyo interior
había una talla del apóstol conocida como Santiago Beltz, ya que era una imagen de color
negro. Esta desapareció a finales de los años setenta y actualmente una antigua fotografía
de la misma preside el altar. En el siguiente cruce continuamos por la izquierda para más
adelante ascender por otro sendero hasta el santuario de Guadalupe, desde donde las vistas
nos dejarán sin aliento. Además de el santuario del siglo XVI, en los alrededores podremos
admirar los restos de un fuerte decimonónico. En el interior del templo se conserva una
imagen de la Virgen, muy bien acompañada de varias maquetas de barcos y elementos marinos
donados por los pescadores de la zona para rendirle culto. Justo al lado continuamos por
una pista que bordea la montaña, poniendo especial atención al pasar por unas escaleras,
tras las cuales se nos plantean dos opciones, siguiendo siempre el itinerario oficial
marcado por las conchas jacobeas o las flechas amarillas a mano izquierda. Los siguientes
kilómetros se caracterizan por una sucesión de subidas y bajadas para terminar por bordear
por completo la ladera de la montaña y los Pasajes de San Juan. Tras cruzar un par de
pasos canadienses (sistema ideado por los ganaderos para cercar o vallar a los animales)
notamos como empezamos a descender hasta toparnos con la GI-3440 por donde continuamos de
frente. Rápidamente la abandonamos en pos de una pista a mano izquierda, por donde
seguiremos descendiendo hasta la ría de Pasajes. Al llegar a unas escaleras nos desviamos
a la izquierda, pasando por delante del albergue de Santa Ana en el barrio de Larrabide.
Continuamos descendiendo hacia el embarcadero donde deberemos de contratar una motora para
cruzar la ría hasta su desembocadura y al Faro de la Plata. Tras este espectacular viaje,
donde podremos descansar por un momento nuestras ya cansadas piernas, giramos a la derecha
por la calle Torrearze, caminando a la vera del agua hacia la carretera del Faro. Justo
antes de llegar nos desviamos a mano izquierda, dirección San Sebastián. Bordeando el
acantilado llegamos al monte Ulía y a su paseo marítimo. Comenzamos a descender aún más
hasta un mirador sobre San Sebastián desde donde poder apreciar toda la belleza de esta
ciudad y la espectacular playa de la Concha. Tras este pequeño descanso seguimos bajando
hacia la derecha hacia la calle Zemoria. A su término entramos en la avenida de Navarra, a
nuestra derecha, y posteriormente en el paseo sobre la playa de Zurriola. Cruzamos el río
y la alameda del Boulevard y en nada estaremos ya en la plaza del ayuntamiento, enmarcada
en el casco histórico de la ciudad. Dependiendo de cómo nos encontremos de fuerzas
podremos dejarnos perder por sus callejuelas o continuar hacia nuestro lugar de dormida,
bordeando la playa de la Concha y en dirección al Palacio de Miramar, de estilo inglés y
construido por encargo de la Casa Real.